Cómo delegar: Ocuparse vs Preocuparse

Hace unos días tuvimos una interesante sesión de Soft Skills dedicada a cómo delegar; en ella uno compañera sufrió en sus carnes qué se siente cuando delegan en ti, ya que el profesor le encargó a ella que preparara la actividad que íbamos a realizar en el aula. Primera lección aprendida: si delegan en ti, te lo comes con patatas y punto.

A la postre, la actividad consistía en suponer que nos encontrábamos en una situación límite y que necesariamente teníamos que delegar de alguna forma para resolverla. Fue interesante ver las aportaciones de cada uno de nosotros: Hubo quien apenas delegaba, también quien buscaba la redundancia delegando en dos personas a la vez, quien tenía en cuenta contingencias especiales, etc.

Pero esta mañana he recibido una lección muy valiosa sobre cómo delegar por parte de mis amigos de la Agencia Tributaria, que curiosamente no me han mandado un jamón, sino un requerimiento de que pague casi 2000€ por haber encontrado errores en mi declaraciones de la renta de hace unos años.

Emoción inicial: Cabreo. Cabreo con la administración. Cabreo con mi asesoría porque desde hace años se encargan ellos de todo mi papeleo. Pero sobretodo, cabreo conmigo mismo de no haber estado al corriente de la situación que ha derivado en esa sanción.

Y es aquí donde viene la lección aprendida: Cuando delegas en alguien, ya sea directamente o bien externalizando algún servicio, estás haciendo que ese alguien SE OCUPE, y no que SE PREOCUPE. Cuando delegas, la responsabilidad es tuya, y eso no debes olvidarlo jamás, por muy cómodo que sea conseguir que otro haga tu trabajo.

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